
El templo que Salomón edificó como casa para el Señor era inigualable en muchos aspectos. Cada detalle fue cuidadosamente planificado, no se escatimó ningún esfuerzo, y el costo de los materiales era invaluable. Dondequiera que uno mirara la edificación, tanto por dentro como por fuera, se evidenciaba la gloria de Dios. Pero, lo que era más importante: Dios había prometido habitar allí, si Israel andaba en Sus caminos.